Historia del hombre que le enseñó a hablar a su culo
Empezó en las fiestas. Pedorreaba a voluntad. Como los niños que adquieren la habilidad de eructar con solo tragar un poco de saliva. El tío tragaba aire haciendo unos gestos extravagantes que en realidad no le hacían falta y se soltaba un pedo contundente y seco o bien un lanzaba un silbidito amariconado o producía una pedorreta que retumbaba en todo el salón coreado por las risas y los aplausos de los amiguetes.
Disfrutaba con sus pequeños segundos de fama y cultivaba su habilidad. Aprendió más sonoridades: un tono largo y líquido que provocaba instintivamente un gesto de repulsión, un redoble acabado en una especie de quejido; también aprendió a tocar diana y cuando la fiesta estaba muy avanzada y él lo suficientemente borracho reproducía los sones de la diana floreada que se tocaba el día de licenciamiento de los soldados de reemplazo.
Nunca quedaba contento. Se enseñó a modular palabras. Al principio agarrándose los carrillos y moviéndolos al tiempo que expelía los gases, pero luego ya no le hizo falta, una leve inclinación de la cintura o una pierna ligeramente alzada le daba libertad suficiente para que su culo pareciera estar pronunciando vocablos. Era un vocabulario incomprensible pero con suficiente complejidad como para creer que se trataba de algún idioma extraño. En el número que poco a poco fue configurando el hombre simulaba entender lo que el culo le decía y lo traducía a los presentes. Como no carecía de ingenio y las risas lo estimulaban inventaba respuestas extravagantes a las preguntas que él mismo se hacía y se las atribuía al culo aportándole a éste su propia personalidad de extraterrestre despistado o algo por el estilo.
Al fin al culo se le fue entendiendo lo que decía. El tío se escribía verdaderos guiones que luego interpretaba con su culo. Formaban una pareja humorística extraordinaria al estilo de tip y coll, lusón y codeso y toda esa historia. Él interpretaba el papel del personaje serio y racional y se daba las réplicas con el culo siempre rozando los temas escatológicos con gran maestría.
Naturalmente acabó dedicándose a ello. Comenzó ganando un concurso en una discoteca y continuó en televisión en uno de esos programas de variedades. Su fama llegó al cenit cuando le dieron un programa junto a Paz Padilla. La gente le enviaba miles de cartas. Muchas le pedían que le preguntase a su culo que si esto y que si aquello. O que le diera un beso de su parte. Las primeras cartas enviadas directamente a su culo fueron de homosexuales. El tipo no es que fuera homofóbico pero la fama había empezado a hartarle y aquello le parecía llevar las cosas al extremo.
Un día su culo protestó. El tipo se llevó un susto porque no se lo esperaba. Dio un respingo y se miró la espalda en el espejo.
-Ya estoy harto de callar y sufrir en silencio. Ya estoy harto de que yo haga todo el trabajo y tu te lleves todas la fama. Ya estoy harto de que ni siquiera tengas el detalle de leerme las cartas que van a mí dirigidas. Eres un egoísta. Un egomaníaco que me tienes esclavizado para tu solo provecho. Yo te alivio el vientre, yo te alivio el cansancio, yo te gano el pan, y pan de oro que gano para tí con mi ingenio y mi gracia, ¿y tú como me lo agradeces? Despreciándome, ignorándome, ninguneándome, hurtándome mis admiradores...
El hombre no se lo podía creer. Miraba y miraba y los ojos se le cristalizaban mirando y no comprendía, y el culo seguía hablando
"...hurtándome mi fama. Porque todo lo que tienes ha sido gracias a mí y por lo tanto es mío. Yo también tengo derechos, también quiero ser acariciado y besado y considerado por todos. Yo también tengo mi vanidad. ¿Cuántas veces ha salido tu cara en las revistas? ¿Y qué dice junto a tu cara : El hombre que habla con su CULO? Hablan de mí, entiendes, de mí, no de tu cara. ¿Y por qué sale ella fotografiada y no salgo yo? Porque eres un egoísta y un vanidoso. Un mezquino..."
Y continuó hablando durante toda la noche . El hombre le gritaba que se callase que ya estaba bien, pero el culo seguía hablando y hablando, quejándose. Por hacerlo enmudecer lo metió en agua, se lo golpeó, se metió velas encendidas pero no había manera. Seguía hablando y hablando.
Solo callaba por las mañanas, cuando tenían que grabar el programa del día siguiente. El culo actuaba como un profesional en esos casos. Aunque se salía del guión que tenía el hombre planeado. A menudo era el propio culo el que hacía que el hombre quedara en ridículo y no al revés. El hombre encajaba bien esas ocasiones pero luego en privado se lo reprochaba. El culo se reía de él con evidente superioridad.
-Esto se ha acabado. Tengo más ingenio que tu. La gente se ríe más conmigo. ¿No ha venido el director a felicitarte por este nuevo giro que le 'has' dado al número? Ellos siguen ninguneándome pero no voy a permitir que tu lo vuelvas a hacer. Desde ahora las cosas se van a hacer a mi manera, ya lo verás
El hombre lloraba y suplicaba que dejara todo en sus manos, pero el culo era implacable se reía en su cara y le amenazaba con boicotearle los números y hacer huelga de funciones fisiológicas.
Y en casa era peor. El culo no paraba de hablar ni un momento. Le ordenaba cosas al hombre y le exigía que comiera alimentos suaves que no le dañaran. Que comprara para él papeles perfumados y que le lavara con esencias. Le exigía que contratase masajistas...
Acabó volcándose en la bebida por apagar un poco la continua cháchara del culo y sus exigencias. No podía ir con mujeres porque el culo amenazaba. No salía con amigos por lo mismo. Al final no salía de casa. El número fue a peor y dejaron de emitir el programa. Poco a poco se apagó la fama. El culo le culpaba a él por haberse abandonado.
Una mañana despertó con una especie de gelatina en la boca. Se sorprendió del silencio que reinaba en la casa. La gelatina era una especie de baba que al contacto con el aire se volvía láminas apergaminadas, como de tejido. Se acostumbró a despertar con eso en la boca y a veces se olvidaba de que estaba allí y al beber se le derramaba todo el güisqui por fuera. Al final le desapareció la boca. Aquella baba había resultado ser ese tejido que genera el propio cuerpo y que cubre las heridas. Le llaman Tejido No Diferenciado y es un tejido adaptable que está encargado de recubrir las heridas donde quiera que se produzcan. En principio no tiene ninguna función especial, pero luego se adapta al entorno y acaba adoptando las funciones del tejido al que sustituye, sea nervioso, graso, epitelial. Las fosas nasales no tardaron en seguir el mismo camino.
El culo había dejado de hablar, pero al parecer su silencio no había sido ocioso. De alguna manera había conseguido hacerse con los mecanismos nerviosos adecuado para controlar algunas funciones más de las que habitualmente el cerebro había aprendido a manejar.
La cara del hombre, ya sin funciones específicas se le fue borrando. Salvo los ojos. Los ojos son la ventana del cerebro. Los ojos son la única parte del cuerpo que realmente es una prolongación del cerebro. Encerrado allí en su cubículo, incapaz de controlar ninguna función, el cerebro se fue debilitando, y todo el proceso podía ser observado a través de los ojos. Aquellos ojos miraban desde dentro con terror, con espanto, con la seguridad de un final terrible en el más absoluto aislamiento.
Willian Burroughs (En una adaptación de Riforfo Rex)
Esta historia pertenece a "El Almuerzo Desnudo"