La melancolía de la resistencia
La melancolía de la resistencia
Laszlo Krasnahorkai
Es el primer autor húngaro que leo. A Imre Kertesz, lo desconozco completamente – apenas he oído su nombre (premio Nóbel de literatura 2002), y “no me preguntéis más sobre este tema”. (En la novela, el autor acude mucho a las comillas, no entiendo muy bien por qué)
La novela trata de una ciudad y un ambiente de decadencia y dentro de ese contexto una serie de personajes. Supongo que esto no es decir mucho. Los personajes son por este orden de aparición:
Una señora, Pflaum, que representa la burguesía anquilosada, “los portadores de pantuflas”, que reaccionan ante la situación – no se sabe muy bien por qué hay un ambiente de abandono, de desinterés en la ciudad; hace mucho frío, pero no nieva, faltan productos en las tiendas, y combustible en los autos, no hay mantenimiento de las calles y la basura es el reino de los gatos, el jefe de policía es un borracho y del resto de los dirigentes de la comunidad no se sabe nada – simplemente con temor y refugiándose en su casa, su sillón, su alfombra sus conservas.
La señora Eszter. Es una mujer ambiciosa que disfruta de la situación por que representa su oportunidad para elevarse por encima de una comunidad que la desprecia. Hacia el final del libro se siembra la sospecha de que ella misma haya, si no generado, al menos propiciado el estallido de la violencia para poder luego aparecer como vencedora. Es realmente la que salva la situación pero sus intenciones son completamente egoístas y su objetivo es alcanzar el pleno poder.
El señor Eszter es un intelectual que ya se ha retirado del mundo y sus miserias y que prácticamente está ciego a lo que acontece a su alrededor. Está encerrado en sí mismo y en sus enrevesadas elucubraciones. Hacia el final consigue salir a la luz de la simple realidad y de alguna manera su evolución es la contraria que la de Valuska.
Valuska es para mí el personaje central, es, digamos, el loco del pueblo. Tampoco está muy consciente de la realidad, para él todo es plano y bueno. Su obsesión es la mecánica celeste, el movimiento de los planetas, el inmenso vacío y silencio de ahí fuera. Pero los acontecimientos le atrapan y también acaba por recobrar una conciencia de la realidad, lo que significa su final.
Ahora, al escribirlo veo los dos paralelismos que hay en el libro entre las dos mujeres y los dos hombres. Las dos mujeres viven en la realidad cada una a su manera, los dos hombres viven una subjetividad también cada uno a la suya. Hay una relación entre la señora Pflaum y Valuska (madre e hijo), la señora y el señor Eszter (matrimonio, aunque distanciados), entre el señor Eszter y Valuska (digamos de maestro y discípulo o protegido) y entre la señora Pflaum y la señora Eszter (enemistad de clase, por así decir).
El estilo es bastante complejo, frases largas, compuestas y entrecortadas por aclaraciones. El narrador usa esa técnica de omnisciencia, pero sin adquirir una entidad. Es decir, sabe lo que piensa y hace cada personaje y nos lo va narrando. Hay un único diálogo directo en toda la obra, durante un interrogatorio. Lo demás es todo indirección, lo que nos cuenta el narrador que hacen o dicen los personajes. Las más complicadas son las sesiones con el señor Eszter que se salen completamente de la temática del libro (está preocupado, por ejemplo, por resolver el problema de la afinación de los instrumentos, el señor Eszter era director del conservatorio de la ciudad).
Me llamó la atención cómo se cuenta la parte de los actos violentos. El narrador refiere cómo señora Harrer aparece ante el señor Eszter y le cuenta primero lo que ella vivió, luego lo que le contó su marido que vio él. En otra parte el narrador nos narra lo que va pasando Valuska y en algún momento éste lee unos papeles que encuentra y esta lectura nos aporta más
No se explica muy bien qué es lo que ocurre en concreto. Se mantiene esta sensación de “fin de los tiempos” y el presunto levantamiento no es más que un estallido un poco forzado para acabar con esta situación. En este sentido de indefinición recuerda un poco a los ambientes de Kafka.
Estructuralmente está compuesta de tres partes desiguales. En la primera se nos introduce a las dos mujeres, la segunda, es el nudo de la obra y la tercera su conclusión – por cierto que su final es asaz extraño: se nos expone una lección sobre “la biología de la corrupción de los cuerpos”, con una descripción bastante técnica sobre el proceso de degradación de un cadáver, exactamente el de la señora Pflaum. Los capítulos no están numerados y son bastante largos. (lo resalto porque siempre experimento una incomodidad al tener que dejar un capítulo a medias para la siguiente lectura)
Llegué a este libro porque antes había descubierto a un director de cine húngaro, Bela Tarr, una de cuyas películas “Las armonías de Werckmeister” está basada en este libro. Las otras películas de Tarr también provienen de novelas de Krasnahorkai.
En resumen el libro es interesante. Tal vez requiera una lectura más paciente que la que yo he hecho – que ha sido bastante paciente – para que llegue a calar más hondo. Tengo esa sensación de haber leído una “gran novela”, pero sin haberla aprovechado en todo lo que tiene.
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Escrito por vxemocj — 18 Mar 2010, 08:01