Cándido
Cándido
Voltaire
Lo primero que se me ocurre decir de Cándido es que es una historia rápida. Es decir, está contada con una rapidez vertiginosa. Esta rapidez se manifiesta en la sucesión innumerable de situaciones por las que va atravesando el personaje. Partiendo de Alemania, viaja a Portugal y asiste al famoso terremoto de 1755, pasa a España y de ahí a América, donde mata a un Jesuita de las misiones rebeldes del Paraguay, luego viene a dar a El Dorado, pasa por un lugar tan remoto (por innombrado) como Surinam y vuelve a Europa, toca las costas de Inglaterra, donde no entra porque coincidía que cuando estaban llegando iban a fusilar a un Oficial que se negaba a matar, pasa por París, llega a Venecia y de ahí salta a Estambul donde termina la historia. En cada uno de estos lugares asiste al salvaje espectáculo de la humanidad matando, violando, robando, mintiendo, esclavizando...
Cándido es cándido pero va adquiriendo, no malicia, pero sí conciencia a medida que le suceden, asiste y le cuentan toda clase de sucesos horribles. La conclusión final de esta historia sobre la deplorable humanidad viene a ser lo que dice Martin, uno de los personajes:
Trabajemos, pues, sin argumentar, dijo Martín, que es el único medio de que sea la vida tolerable
o bien lo que dice cierto anciano turco
el trabajo nos libra de tres insufribles calamidades: el aburrimiento, el vicio y la necesidad
Después de leer la historia, no antes, uno no puede por menos que estar de acuerdo con ello.
La historia se ha escrito como un chiste, la ironía no abandona ni una vez el texto. Ni siquiera en los momentos más terribles en los que se describen las consecuencias de la guerra. Sin embargo la propia ironía lleva sobre la espalda siempre un gran peso de desprecio por la humanidad y de angustia por no ver solución. La única salvación es apartarse lo más posible y dejar que se maten entre ellos.
Es una buena lectura. Diria que divertida, instructiva y bastante amarga.