Bartleby el escribiente.
Hermann Melville
Se le pone como modelo de narración
corta. No sé por qué. Y no lo sé aún después de haberla leído. Al parecer
Calvino (supongo que será la siguiente referencia) no me lo va a aclarar porque
al final dejó sin escribir la conferencia en la que analizaba esta historia.
Bartleby es naturalmente el
personaje alrededor del cual gira esta historia. Su peculiaridad es la de ser
raro hasta el extremo. Y eso es resaltado gracias a la descripción, previa a su
presentación, de los otros tres empleados del bufete. Cada uno de los cuales es
un número de circo en sí mismo. Pero estos se comunican y por supuesto, aunque
con bastante deficiencia, colaboran en la realización del trabajo. Bartleby, en
cambio, empieza siendo muy eficiente aunque en una parte del trabajo, no en
todo. Sin embargo su eficiencia compensa sus defectos. Hasta el momento en que
decide dejar de escribir. Entonces se convierte en una carga. Cuando deja de
escribir ya no hay nada que compense sus defectos salvo los escrúpulos morales
del narrador. Esos escrúpulos son los que hacen que en lugar de emplear la
fuerza, legitimada, para echar a Bartleby, traslade el bufete completo a otro
lugar.
Sin embargo queda una atadura
emocional. Bartleby ha pasado a ser, de alguna manera, responsabilidad suya.
La explicación del trabajo anterior
de Bartleby no me parece con fuerza suficiente para justificar el estado
emocional del personaje. En lo que a mí respecta sobra.
Estructuralmente me gusta la
introducción de los tres empleados del bufete inmediatamente después del la
ligera presentación del narrador. Para, al final, dar paso al personaje
central, sin prisas.
La repetición del “preferiría no
hacerlo” es, por supuesto, clave. De alguna manera creo que es más el centro de
la historia que el propio Bartleby.
Por más vueltas que le doy. No
consigo extraer enseñanzas técnicas explícitas de todo esto. Confiemos en mi
subconsciente.