Las Sonatas
Las Sonatas (Memorias del Marqués de Bradomín)
Ramón del Valle-Inclán
Las sonatas son cuatro novelas. Una por cada estación. Escritas en diferentes épocas, aunque con una intención de continuidad, evidentemente. Empieza el ciclo con la de primavera, un joven marqués, y termina con la de invierno un marqués ya mayor aunque aún con brío. Lo que se relata en cada una de ellas es apenas una anécdota amorosa. Apenas cuatro fotografías. En ese aspecto deja un poco desilusionado. Yo al menos imaginaba una novela decimonónica llena de situaciones y con preciosísimas descripciones paisajísticas. Pero, si bien las descripciones no faltan, no llegan a dominar el contenido y en cuanto a las situaciones, ya digo, muy precisas.
Lo que más me ha llamado la atención es el talante del marqués de Bradomín. Es un claro don Juan, incluido su cinismo y su hipocresía. No le faltan oraciones y apelaciones a los santos, a su ejemplo y protección. Muchas cruces y genuflexiones. Sus amantes siempre son - menos en el caso de la niña Chole - piadosas señoritas que viven su entregado amor a Bradomín, atormentadas por la culpa y temerosas del castigo postmortem que merecen por ello. De ellas, al tiempo que las ama con pasión se burla el marqués, de sus escrúpulos y de su temor. Todas sus amantes son esposas de otros - incluyendo una esposa de Dios. Todas piadosísimas. Y todas ceden a los encantos del marqués.
El cinismo del marqués de Bradomín aparece en muchas ocasiones, generalmente bajo la forma de sutiles perversiones - cuando se lamenta, ante la vista de un joven ruso muy hermoso, no tener inclinadas aficciones para disfrutar de él - o a lo mejor no tan sutiles herejías - ir a comunicarle la muerte de su amante y aprovechar para seducir a la prima de esta. Burlas de las beatería - la niña chole bebe directamente del caño de la fuente del jardín de un convento que representa a un presunto niño jesús desnudo - a decir de las monjitas.
Aunque el tema y los personajes son muy decimonónicos, la manera de abordar la novela - capítulos muy cortos - la expresión y muchos detalles, como los arriba mencionados, en lo expresado demuestran su modernismo. A mi juicio el marqués de Bradomín dibujado en estas novelas es apenas un esbozo de lo que podría haber sido, un apunte para una novela de gran dimensión de la cual estas sonatas son apenas estractos.
Se lee con comodidad, en algunas ocasiones divierte y en otras satura un poco el lenguaje almibarado del marqués de Bradomín. Que, por otra parte, encaja perfectamente con el tipo de personaje que dibuja. La sonata de Invierno deja el regusto de interesarse un poco más por las gestas Carlistas y esa idiosincracia vasca de curas guerreros y pueblo fanático por una causa.