Aquí no hay nadie

El huesped de job

— Escrito por rperez @ 09:39
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El huesped de Job

José Cardoso Pires

 

Otro de los libros que me traje de Lisboa.

Tal y como yo lo veo son una serie de estampas. Imágenes. Cimadas, Cercal Novo, etc. No sé lo que es la “charneca”, puede referirse a un llano más bien seco porque ese es el paisaje que sugiere. Unos caseríos desperdigados faltos de todo. También se sugiere una época de carencias. Gentes que van de un lugar a otro buscando trabajo, pan. Unas mujeres protestan ante el ¿gobernador?, reclamando eso, pan. La policía transita los campos en busca de salteadores. Los militares están haciendo ejercicios de tiro. Un americano verifica la eficacia del armamento que les ha vendido. Los últimos capítulos se centran den dos caminantes Aníbal, un viejo que va en busca de una paga que le compense por la ausencia de su hijo que está haciendo el servicio, y un joven, Joao Portela, que busca trabajo. Se meten inadvertidamente en la zona del campo de tiro y Joao es herido. Desgracia sobre desgracia: tienen que cortarle una pierna. Regresan a casa derrotados.

La forma de narrar de Pires es algo irónica, con cierto distanciamiento. Dado el tema podría haberse puesto muy sombrío y reivindicativo, pero está completamente alejada de eso. También se permite algunas florituras en las descripciones y abundantes imágenes poéticas: o bién que no he entendido nada y me invento lo que no sé.


El marino que perdió la gracia del mar

— Escrito por rperez @ 19:26

El marino que perdió la gracia del mar
Yukio Mishima

El marino mentado es Ryuji. Ya veremos cuál es su “gracia” a los ojos de los muchachos, pero a los ojos de sí mismo y a mis ojos, su gracia es que él sueña con la gloria. Él espera algo grande de su vida: “¡Hay una única cosa a la que yo estoy destinado, la gloria, sí la gloria!”, piensa de sí mismo. Para él la vida en tierra, el hogar, es una trampa, esto piensa de los otros oficiales a los que una familia espera en tierra: “Esos hombres han perdido su oportunidad, ya no hay esperanza para ellos. Nunca he hecho gran cosa, pero me he pasado la vida entera pensando que soy el único hombre verdadero”.

Pero con los años ha perdido esta ilusión “Empezó a examinar uno a uno sus sueños y esperanzas, y uno a uno los hubo de ir desechando” Y en este punto llega a la mujer, Fusaku. Ya ha tenido otras experiencias con mujeres, pero para él no tenían ningún sentido, inmerso como estaba en la espera de su momento glorioso. Ahora cuando encuentra a Fusaku, siente que de alguna manera ella es un consuelo, no es la gloria esperada, a la que ya ha renunciado, sino su reconciliación con la tierra. Ella no es ni mucho menos la mujer esperada, con la que aspiraba a “descender hasta el fondo de la gran profundidad del corazón, donde ningún hombre ha estado jamás”. Y entiende, al principio, al menos, que ella es incapaz de comprender los sueños que él alimenta, que ella “no puede ver a través del muro de sombras de mi naturaleza de hombre el anhelo que a veces me hace llorar”, sin embargo, luego, sufre una transformación y siente con ella “que ha recorrido una inmensa distancia para llegar al fin a un punto de exquisita sensación”

Fusaku no es más que una mujer que ansía resolver su soledad, lo único que espera de Ryuji es que no sea un soñador “había encontrado más tranquilizadora su simpleza, cualidad, como un mueble recio y antiguo, más duradera que imaginativa” Ella lo que necesita es tener una garantía de seguridad. Y Ryuji termina por proporcionársela abandonando el mar.

Aquí entra Noboru, el hijo de Fusaku, y sus amigos. Mucho más difíciles de describir. Son unos chicos de menos de catorce años, pero dotados de una extraordinaria inteligencia. Ellos están en el secreto de la vida, y de hecho, son los únicos que son capaces de comprender ese secreto. En primer lugar para ellos la vida es un vacío, (“Todos sabemos que el mundo está vacío, y que lo importante, lo único, es tratar de mantener el orden en dicha vacuidad”), una trampa; más importante es la muerte “que sienta sus raíces en el instante del nacimiento, y, en lo sucesivo, el hombre no podía sino procurar cuidado y riego a este germen;”, creían en consecuencia que “ la reproducción es ficticia y consecuentemente la sociedad también lo era: padres y educadores, por el mero hecho de serlo, eran responsables de un ominoso pecado”. Los padres, uno de sus grandes enemigos: “no existe nada parecido a un padre bueno” “tratan de cercenar el mundo hasta reducirlo a algo mezquino fácil de manejar”. Ellos perciben la mezquindad y bajeza de la sociedad y tratan de mantenerse apartados, entrenándose en evitar caer en las debilidades más comunes, principalmente las emociones. Para ello no dudan en cometer actos que a los ojos de la sociedad son horribles, pero para ellos no son más que actos de afirmación y de independencia frente a los demás: “El jefe solía insistir en la necesidad de actos como aquel para llenar los grandes huecos del mundo. El asesinato y solo el asesinato sería capaz de llenar tales cavernas boquiabiertas, del mismo modo que una larga grieta llena un espejo. Ellos lograrían entonces un poder real sobre la existencia”. Las consecuencias de perder esta independencia y libertad frente a la mezquindad social será terribles: “terminaremos en las adulaciones vomitivas y los cotilleos; temblaremos día tras día agobiados por la sumisión, el compromiso y el miedo; nos preocuparemos por lo que digan los vecinos; viviremos como ratones estridentes. Y algún día nos casaremos y tendremos hijos, y al fin llegaremos a ser padres: lo más vil en este mundo”.

Pues bien, al comienzo de la novela, con la llegada de Ryuji, Noboru tiene un instante glorioso: “Creo que la otra noche vi el sentido del orden interno de la vida”, esto hace a Ryuji tolerable ante los otros porque es un hombre de mar y “solo existen unas cuantas cosas realmente permisibles: el mar, por ejemplo”. Pero Ryuji abandona el mar, y en un momento crítico, cae en lo más bajo, se convierte en padre: “Noboru sintió como si le faltara el aliento. ¿Cómo es posible que diga tales cosas?¿Es este el héroe espléndido que un día brilló tanto?” “Cada palabra quemaba como fuego” “Noboru sintió náuseas”. Y así se precipita Ryuji, perdiendo su gracia.

 


La defensa

— Escrito por rperez @ 20:50

La defensa

Vladimir Nabokov



Bueno. No sé. Es la historia de Luzhin, un niño, digamos, prodigio con el ajedrez. Es un niño tímido, retraído que descubre el ajedrez como refugio frente a los inconvenientes de asistir al colegio y recibir la burla y el castigo de los demás compañeros. Se desvela un maestro en ese juego y desarrolla una vida de gran ajedrecista. Completamente aislado de cualquier otra vivencia, al parecer. Luego conoce a una mujer y algo ocurre en su cabeza, su obsesión por el ajedrez supongo que en conjunción con esta “nueva” vida a la que tiene acceso a través de la mujer hacen que sufra una crisis nerviosa. El hombre queda como transido en una nube, y la mujer hace todo lo posible por mantenerlo alejado del juego porque cree que es el culpable de sus males. El hombre se mantiene en un estado de vacío, pero de pronto empieza a cuestionarse, y redescubre el ajedrez, pero la forma de aplicarlo a su nueva vida es viendo sus actuales circunstancias como si fueran una partida de ajedrez. El tío anda buscando una solución a esa confusión que tiene en la cabeza y emprende la búsqueda de esa solución como si fuera una partida de ajedrez contra el entorno. Un poco complicado de exponer.

En lo demás es Nabokov. Aquí un poco contenido, aún respetando un formalismo de la novela que luego, digamos, no que pierde, sino que le impone menos y se permite juguetear más como vimos en Ada o en Lolita. Claro, no he comprobado que esta novela es anterior a esas dos, pero me apostaría el bigote. Estructuralmente la novela parece muy pensada y muy cohesionada, como, claro está, lo son todas las de este hombre.


Estación de Lluvias

— Escrito por rperez @ 20:49

Estación de Lluvias

José Eduardo Agualusa


Donde se narra un periodo de la historia de Angola. O algo así. El periodo es el que va desde 1961 año en el que se considera tuvo lugar la primera acción que desencadenó la confusa guerra de independencia -el asalto a una cárcel para liberar a unos presos políticos-, hasta 1975, concretamente el 11 de noviembre, en que se declaró oficialmente la independencia.

Se supone que la referencia general de la novela es recuperar la historia de una presunta poetisa, Lidia do Carmo Ferreira. Esto, creo yo, permite al autor deambular por entre los intelectuales del lugar, sobre todo los afines a ideas izquierdistas que formaron el MPLA, presuntos iniciadores del proceso y finalmente los que obtuvieron el gobierno y lo convirtieron en un terrible sistema de represión. Según se narra, fueron apoyados por los rusos y por los cubanos. Los otros grupos eran de ideas menos izquierdistas, más afines, supuestamente, a principios de identidad racial, como el FPLA y la UNITA, y estos, claro, eran apoyados por los EEUU o por sudáfrica. Al final se forma un guirigay enfrentándose todos con todos y organizando matanzas que a nadie perjudicaban salvo a aquellos por los que, en principio, todos ellos luchaban.

Me gusta porque todo está contado a la manera, que aún conozco poco, de Agualusa. Es decir, primero con inocencia, sin asomo de resentimiento, ni de horror aún cuando narra las acciones más horrorosas, sin propósito de escandalizar, simplemente de contar. No se engañen, tampoco tiene ese aire frío, distante, que pretende ser aséptico, no, al contrario, lo que priman aquí no son los hecho sino las personas de las que se habla. Sobre todo uno se ve inmerso en un grupo de personas que unas veces están enfrentadas, brutalmente, y unas páginas después se saludan y se invitan a comer.

Me gusta este autor y voy a seguir explorándolo.


La feria de los ahogados

— Escrito por rperez @ 10:09
La feria de los ahogados
José Eduardo Agualusa

Los ahogados son unos cuerpos deformes que son arrastrados por el río hasta un pueblo del interior de Angola. Este hilo argumental se retoma a lo largo de los diferentes cuentos, porque cuentos independientes son cada capítulo, en los que nos presentan a los diversos personajes que pueblan Dondo, que es como se llama la villa.
Las historias tienen un componente fantástico que se asemeja mucho a lo que siempre hemos llamado “realismo fantástico”. De hecho recuerdan mucho a los sudamericanos, y no voy a nombrar a ese que es al único que todos tenemos en la cabeza cuando hablamos de este tema.
Son historias divertidas, sorprendentes, muy bien narradas, con un estilo muy poético. Además nos hablan de Angola y se aproxima uno a la realidad social de ese país tan desconocido, como por otra parte lo son, para mí, todos los de África.
Me ha interesado muchísimo este autor que escribe en portugués y pienso seguir frecuentándolo a poco que pueda.

El ruido y la furia

— Escrito por rperez @ 11:33

El ruido y la furia

William Faulkner


La novela trata de la decadencia de una familia. Podríamos contarla así poco más o menos: El padre se supone que viene de una buena familia, la madre al parecer viene de una familia de menor categoría pero de muchas ínfulas. Tienen cuatro hijos: Candance, Quentin, Jasón y Benjamin, antes llamado Maury. Benjamin es retrasado, o autista. Candance es una muchacha algo inquieta, en cuanto entra en la adolescencia empieza a volverse díscola. Hasta que queda embarazada de un tal Dalton Ames. Naturalmente eso es una desgracia. Consiguen casarla con un tipo rico que al poco advierte que aquel hijo no es suyo y la repudia. Candance envía a su hija para que la cuiden los padres y allí se cría la niña hasta que cuando se hace mayor vuelve a repetir la historia de su madre, escapándose con un tipo de corbata roja que llega con un espectáculo itinerante. A esto le sumamos que Quentin está poco menos que enamorado de su hermana Candance y al poco de ella casarse él es enviado a la universidad. En la universidad estudia un curso y luego se suicida. Su principal pesar, al parecer es su hermana. El padre, un tipo al que se ve poco, es un nihilista, esto lo sabemos por los consejos que le da a Quentin. Un tipo que ya no cree en nada y no se sorprende de demasiado. Tiene un cierta preferencia por Caddy y Quentin, y cierto desprecio por Jasón. Pero es que Jasón es pintado como un tipo ruin y malvado, egoísta aunque, no hipócrita, es otra la palabra. Un tipo que cree que todos intentan joderle y por lo tanto eso justifica todas sus trapacerías. La madre, Caroline, es una “enferma”, será probablemente la que más dure de la familia, pero todo el tiempo está “enferma” y a punto de morirse. Es decir, una hipocondríaca que cree que ha sufrido una desgracia porque no ha conseguido satisfacer los delirios de grandeza que tenía cuando se casó con Jasón, que es como se llama el padre. En quien único confía, no podría ser menos, es en Jasón, el cual, únicamente se preocupa por ella por que está sacando provecho, pero que, probablemente, la desprecia con toda su alma.

Lo más peculiar de la novela es cómo está escrita. Son cuatro capítulos, tres de ellos ocurren en un fin de semana de 1928, y el otro ocurre diecisiete años antes. Cada capítulo está narrado en primera persona, y es prácticamente el hilo de pensamiento del personaje que lo narra. El que ocupa el primer capítulo es Benjamin y sus recuerdos van y vienen por el tiempo recolectando un resumen de toda la historia. Es un capítulo complicado hasta que uno no lo lee una segunda vez después de saber todo lo que ocurre no lo pillas todo. Este ocurre el sábado. El segundo capítulo es el de Quentin, diecisiete años antes de el “tiempo real” del primer capítulo, y ocurre en un días desde que se levanta por la mañana hasta que culmina el día y sabemos que se va a suicidar. Ahí nos desvela parte de la historia, y la curiosa personalidad del padre, así como nos deja ver esa extraña relación que tiene con su hermana. El cuarto capítulo es del Jasón donde se nos muerta al personaje mezquino que es, como los desprecia a todos y cómo se siente traicionado por todos. Y el último es el de Dilsey que ocurre el domingo y viene a relatarnos la huida de Quentin, la hija de Candance.


Sinceramente, no sé qué importancia pueda tener esta novela. Es una buena novela en tanto en cuanto nos metemos en la vida de esta familia, pero no deja de ser una historia inventada por este señor sin prácticamente ninguna relación con la realidad que conozco. Magníficamente contada, magníficamente estructurada. Personajes muy bien definidos. En fin una buena novela. Sin duda. Sin duda.


Cucarachas con Chanel

— Escrito por rperez @ 11:11
 Cucarachas con Chanel

JRamallo

 

 

Lo primero que tengo que alabar del libro es su título. La impresión que me ha dado al leerlo es estar mirando un álbum de fotografías. No exactamente. No exactamente un álbum de fotografías sino esa impresión, la de estar mirando imágenes. Lo que me retratan esas imágenes son una generación. No la mía, sino la de los de diez o quince años menor. He visto reflejado en ese libro a algunos amigos, en ese nihilismo ambiguo de Gabriel, en esa actitud hostil matizada por las frases en cursiva que demuestran una incomodidad interior. En esa lucha entre hacerse el fuerte para sobrevivir y ocultar dentro un deseo de paz, de confraternizar con el otro. También esa visión del otro como ente hostil, como enemigo, o más bien como contrincante en la lucha por la supervivencia. Mucho desprecio que se me antoja simulado, desesperanzado de encontrar en el otro un igual, pero deseándolo. Trato de fijar estas sensaciones, es difícil. Acierta también el título, porque apunta a una forma distinta. Ya no podemos hablar de relatos, de cuentos, sino de flashes que fijan un instante: conversaciones, relación de hechos sin  nudo, me gustan esas inserciones de anuncios –que no es difícil encontrar cada día en las páginas de internet o en los spams –, los comentarios a continuación de los relatos como en los blogs. Reflejan realmente –realismo punto cero– un mundo muy familiar entre los que vivimos intimamente ligados a la red, esa realidad alternativa que poco a poco se va convirtiendo en la principal.

Como objeto literario veo en este libro la superación de la mera sucesión de relatos con un necesario nudo que se desarrolle y alcance una conclusión para dar la sensación haber leido una historia. Acabo de leer un libro, Los Bárbaros de Alessandro Baricco, donde se habla de que la manera de adquirir el conocimiento en estos tiempos está en la secuencia y no en la profundización en las ideas, en desplazarse por la superficie y no en sumergirse en las profundidades. Este libro me ha parecido un ejemplo práctico de eso: la secuencia de elementos que componen el libro le dan una entidad aunque cada uno de esos elementos individuales puedan parecer, en sí mismo, incompletos, indefinidos. En este libro, las partes no tienen mucho sentido, pero el conjunto sí.

Creo que se trata de un libro novedoso en cuanto a los modos, es decir, un alejamiento de la tradición, y en ese aspecto sería muy injusto que no tuviera la relevancia que merece. Y no la tendrá porque, volviendo de nuevo a Baricco, la “civilización” va a considerar a este libro otra de esas producciones superficiales que generan los bárbaros que atentan contra el “auténtico” sentido de la literatura tal y como “debe ser”. Pero, como lector con cierto bagaje de lecturas detrás de mí, este libro me causa una magnífica impresión de novedad que hacía tiempo que no tenía.


Los Bárbaros

— Escrito por rperez @ 20:02

Los Bárbaros

Alessandro Baricco


En Los Bárbaros, Baricco trata de fijar cuales son las claves del comportamiento social actual. Me viene constantemente a la cabeza la idea de sociedad orgánica de Spengler. En Spengler las civilizaciones son unidades orgánicas que nacen, crecen, se desarrollan y terminan por sucumbir para dar paso a una nueva concepción. Cada civilización está fundamentada en unos conceptos-semilla entorno a los cuales se desarrollan todas las actividades de esa sociedad: religión, ciencia, economía, educación. No puedo profundizar más en esto porque no me he leído el libro entero y solo he intentado su lectura una vez. Pero lo relaciono con esto que acabo de leer de Baricco porque, aquí, Alessandro habla de que la “civilización” que recién estamos abandonando tenía unos principios de búsqueda del conocimiento en profundidad, de especialización que ahora se están volviendo, según él obsoletos, para dar paso a una búsqueda de conocimiento “horizontal”, como él la denomina en algún momento, superficial, en la que la importancia de los hechos se la dan más bien su relación con otros hechos; es la secuencia de hechos la que le da un significado a las cosas y no cada hecho en sí. Yo tampoco me hago una idea clara de qué pueda significar esto, pero uno de los ejemplos que pone es el actual uso de internet -google, en particular- para acceder al conocimiento, un acceso al conocimiento que no tiene una intención de profundizar en aspectos concretos sino una mera búsqueda de recursos funcional para resolver los problemas planteados. En la universidad nos quejamos mucho de que los alumnos no profundizan en los problemas sino que se limitan a buscar en internet las soluciones sin preocuparse de descubrir las causas para tener un conocimiento seguro al que echar mano cuando el problema vuelva a surgir. Ellos confían en que alguien, en alguna parte ya habrá resuelto cualquier problema que se les plantee y su única habilidad bien entrenada tiene que ser la búsqueda de ese alguien en el maremágnum de información de la red.

Lo que trata de hacernos comprender Baricco en este libro, para mi gusto, es que las quejas que tenemos nosotros sobre el comportamiento de los jóvenes, su aparente desinterés por todo lo que a nosotros nos parece importante, es sospechosamente parecida a la que nuestros padres tenían de nosotros y sus padres tenía de ellos y que deberíamos ser un poquito más astutos y tratar de comprender cuales son las claves de ese comportamiento para tratar de hacernos una idea de cómo van a ir las cosas en el futuro. En realidad concluye que pese a que muchos creamos pertenecer a un pasado glorioso frente a estos jóvenes diletantes que apenas saben de nada y tienen menos interés en conocerlo, nosotros somos parte de ese camino evolutivo por el que van derivando poco a poco las civilizaciones y bueno es advertirlo.


Pálido fuego

— Escrito por rperez @ 21:39

Pálido Fuego

Vladimir Nabokov


Pálido fuego es el último poema del extinto John Shade. El señor Charles Kinbote se encarga de la edición y los comentarios. El poema viene íntegramente al principio del libro y el resto son comentarios detallados a nivel de verso, realizados por Kimbote.

Decimos detallados por decir algo, lo cierto es que el señor Kimbote se aleja, en demasiadas ocasiones, del poema para hablarnos de las “aventuras” del ex-rey de Zembla, Charles Xavier, cuya vida, no nos cabe duda, es muy interesante, pero completamente ajena al mismo. Este es precisamente el principal defecto de estos comentarios, pues la impresión que nos acaban dejando es que el Sr. Kimbote quiso influir en el ánimo del poeta para que creara una obra basada en la vida de este desafortunado monarca. Durante todo el proceso de su creación, se nos informa cándidamente, creyó nuestro comentarista que el poeta estaba aplicando la ingente, sin duda abrumadoramente aburrida, cantidad de información que este le vertía sobre el tema de su interés, y no fue poca su desilusión al descubrir lo errado de su expectativas. Si nos preguntamos la razón por la cual el señor Kimbote muestra tanto interés por el monarca, no será suficiente aclarar la nacionalidad Zemblana del erudito en lengua inglesa. Pero no es un secreto muy bien custodiado en estos comentarios ingenuos, es más bien un secreto evidente, la naturaleza aristocrática de nuestro Kimbote. Y, tal vez, el asesinato de John Shade por ese misterioso Gradus, cuyo propósito, nuestro comentarista parece asegurar, era matar al rey de Zembla y no al famoso poeta, pueda aclararnos definitivamente quien se oculta tras la personalidad de Kimbote.

Pese a que el funesto equívoco parece molestarle enormemente, siempre a partir de sus propios comentarios, supo aprovecharse de ellos para escabullirse con el poema recién concluido y, aprovechándose de su presunto valor al intentar salvar la vida a su marido, conseguir la firma de la señora Shade, cuya actitud hacia nuestro autor resulta evidentemente hostil, para encargarse, él mismo, de la primera publicación de la obra. Lo que, y este es tal vez el único mérito, ha realizado a pesar de la enorme desilusión que declara haber recibido al comprobar que el poema no aludía ni tan siquiera testimonialmente a su conflictivo país o a su venerado, cómo no, rey en el exilio.

Concluyendo esta referencia, hemos de confesar que el único mérito que atribuimos a este libro deriva del hecho de ser la primera edición del último poema de nuestro afamado John Shade, lamentando profundamente que ocasión tan gozosa haya caído en manos de tan interesado personaje. Esperamos que la viuda del poeta logre recuperar el original y puedan, necesariamente he de excluirme por modestia no por desinterés, profesores mejor formados y menos partidarios de sí mismos afrontar un estudio crítico con toda la formalidad que el prestigio de John Shade merece.

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Desde luego es otra de esas “obras maestras” de Nabokov. Un generador de obras maestras como churros. Creo que de todos sus libros se dice que es su “obra maestra”. Bueno, tal vez no de todos, solo de los que he leído. Es que esa, pienso, es la impresión que da Nabokov al leerlo, abrumadora. Uno sabe que se está perdiendo la mitad de lo que hay. Habría que leerlo tres veces en la traducción y luego otras dos en la versión original, cualquiera que fuese, inglés o ruso. Este hombre y su afición a los juegos de palabras. Eso da mucho juego en las traducciones. Frases extemporáneas que te saltan de pronto: ¿esto qué pinta aquí?, será otro de esos jueguitos intraducibles de Vladimir. Y sus pseudo referencias literarias, ¿reales o no?, la ignorancia no me permite afirmar nada. Y sus sesudas reflexiones sobre la muerte, la traducción, ¿son pensamientos colados en el texto o eruditeces para burlarse del lector? Bueno. Es divertido, Nabokov, entretenido. Juguetón. Picaruelo. Magnífico, desde luego, escritor, quién se aproximara, o, al menos, quién no se dejara intimidar por él. Claro, recomendable, claro. ¿Qué otra cosa se puede decir de una obra maestra?


Ada o el ardor

— Escrito por rperez @ 10:32

Ada o el ardor

Vladimir Nabokov


En primer lugar la historia. Ada o el ardor es la historia de Ada y Van. Dos primos -en realidad hermanos- amantes. Se nos cuenta sus vidas desde la infancia hasta la vejez. En realidad el que escribe es Van con Ada leyendo por encima del hombro, así que podemos decir que el personaje central del relato es Van.

Ambos son de familias ricas, así que sus vidas consisten en viajar, vivir en hoteles, asistir a selectos clubs de regocijo, y, por hobby, practicar alguna profesión: en el caso de Van, psicología, y en el caso de Ada, actriz, de muy segunda fila.

Lo que marca la tensión del relato es el hecho de que se trata de un amor prohibido, incestuoso. Los amantes deben ocultar su relación, no solo a sus padres sino a toda la buena sociedad que les rodea. Esto lleva a que sus encuentros se vean interrumpidos por largos periodos de tiempo (El tiempo parece ser un elemento de cierta importancia en la narración, el paso del tiempo). Además hay un segundo personaje que complica la historia, la hermana de Ada, Lucette, que también ama a Van. La imposibilidad de satisfacer este deseo es también un elemento importante de la historia. Todo esto está salpicado de multitud de encuentros amorosos tanto de Van con infinidad de amantes, como de Ada, con algunos menos. Los celos, de Van, en concreto, al enterarse en algún momento de las aventuras de Ada, lo que provoca su primera separación.

La segunda cuestión es el estilo de don Vladimir al escribir todo esto. Más bien el estilo de Van al escribir todo esto, pues ya dije que es Van quien escribe su autobiografía. Yo lo calificaría de difícil por la multitud, infinidad laberíntica, de referencias literarias, científicas, históricas, bibliográficas, artísticas que, a buen seguro, se encuentran en el libro y que sólo un lector bien preparado va a ser capaz de descifrar. A eso le añadimos que el mundo en el que transcurren estas vidas no es nuestra bendita Tierra, sino un mundo alternativo Antiterra (¿o Demonia?), lo que le lleva a pensar que una buena cantidad de esas referencias sean inventadas, como lo son las descripciones geográficas y políticas en las que se desarrolla la historia. Esa inmensidad de referencias, así como el estilo a veces un poco alocado -frases o párrafos enteros que uno no consigue desentrañar, otra infinidad de juegos de palabras en inglés que han de ser malamente traducibles al castellano- hacen de la lectura a veces un duro esfuerzo. La impresión con que se queda uno tras cada capítulos es que debería leerlo de nuevo -lo que, dada las dimensiones del libro, desalienta un poco- para comprender un poco más o disfrutar mejor lo que sin duda ha comprendido sólo a medias. Sin duda, es un libro que debería ser leído en su idioma original, pues la escritura de Nabokov juega mucho, y ese juego no puede traducirse a otros idiomas.

No obstante, si uno consigue sumergirse, como lector sin pretensiones, en la historia, se disfruta y no solo con los pasajes levemente eróticos, aunque elegantemente disfrazados, que salpican todo el libro.

Es un libro altamente recomendable, aunque no de lectura fácil, y que merece, sin duda, posteriores relecturas.


La confesión de Lúcio

— Escrito por rperez @ 11:18
La confesión de Lucio
Mário de Sá-Carneiro

 

Es una historia extraña, cuyo final, creo, por una vez, que no debería desvelar. Lúcio es un autor drámatico, y su confesión, que no es tal, pues es inocente, la motiva un crimen, que no es tal. Pero para mí, el personaje central de este libro, el más atractivo es Ricardo de Loureiro. Y me encanta este personaje por su forma que tiene de auto definirse. Estos monólogos –en realidad conversaciones con Lúcio, que este relata minuciosamente- son, para mí, lo más atractivo. Pero también hay algunas sensuales descripciones que hablan del sexo como de una experiencia sublime y no el revolcarse en el barro por el que se entiende hoy. O los meandros por los que atraviesa Lúcio entre remordimientos, celos, odios, todos derivando de la misma inmutable fuente. Es un libro ciertemente de concepción antigua, romántica, simbolista que muchos, sin alma poética, considerarán empalagoso. Para quien le guste simplemente leer, saborear frases, es, naturalmente una golosina.


Crónica de una muerte anunciada

— Escrito por rperez @ 10:15
Crónica de una muerte anunciada

Gabriel García Márquez

 

Después de leer Crónica de una muerte anunciada me siento como si la mujer de la que estoy enamorado me acabara de decir que ella también me quiere. Creo que es la manera más precisa de describir la emoción que siento. Se acostumbra uno a leer y a leer y acaba entrando en un hábito durante el cual disfrutas de una manera intelectual de las lecturas; de unas más y de otras menos y de muchas nada, pero lees, y sigues leyendo y por momentos te preguntas ¿para qué? Y acabas viendo el acto de la lectura como un absurdo, palabra tras palabra, línea tras línea, frases que terminan por no significar nada, historias, sí, pero, ¿qué llevan adónde? Como cuando repites mucho una misma palabra y llega un momento en que no sabes ni qué significa. Pero de pronto te encuentras un libro como este y recuperas de un golpe, de un zapatazo, toda la confianza y el amor a la literatura, y se te recargan las razones de por qué leer: para volver a sentir esto que siento ahora; esta euforia, esta gana de seguir leyendo. Esta gana de vivir para leer, solo leer. Y amar a la literatura.


El libro del Cuervo

— Escrito por rperez @ 12:51

El libro del cuervo

Jesús Castellano

 

La primera impresión, después de haber leído el libro, es que este es un autor de los míos. Con esto creo que quiero decir que la manera que tiene de escribir se aproxima a mi idea de lo que es buena literatura o, al menos, la literatura que a mí me satisface, y, claro, no voy a llamarla mala.  ¿Qué puede definir a esa literatura que a mí me satisface? Pues, en primer lugar, por raro que parezca, una buena redacción. Y no es una estupidez, se leen muchas cosas por ahí que dan la impresión de ser literatura sin bagaje, literatura  espontánea, juvenil, impulsiva, que no ha leído suficiente, y peor, que cree que no hace falta leer, que basta con el deseo de ser escritor para serlo, que basta con la actitud y la suficiencia o la jactancia. Nada de eso veo en El Libro del Cuervo. Veo, o creo ver, una manera de escribir asentada, directa, inmediata. Y de porque sí. Que se escribe sin el Premio Nóbel como objetivo.

El libro no cuenta nada. Es decir, narra las andanzas de un señor que va de aquí para allá por las calles de una ciudad y te cuenta lo que ve, lo que le dicen, cómo se siente. Me temo que no va a ser un best seller: hay asesinatos, pero sin morbo, sin sorpresa final, hay locos, hay gente vulgar andando por sus páginas y haciendo y diciendo cosas vulgares. Lo que hay en el libro es, sin mucha diferencia, la vida real contada, que siempre parece más de lo que es, pero es solo eso. Y por esa razón, precisamente por esa razón, se te que queda pegado a la impresión. Quiero decir que voy andando por la calle y miro los quioscos y casi estoy tentado de esperarme a ver si pasa por allí Chus a preguntar por los periódicos no vendidos del día anterior. O hablar con la quiosquera y enterarme también yo de su historia, si tiene un amante que la chulea o un hijo medio subnormal.

No es un libro optimista, y sí al mismo tiempo. Es un libro que te dice - ¿quién no lo sabe ya? - que esto es lo que hay, y eso te reconforta de alguna manera porque uno siempre sospecha que las vidas de los otros son mejores que la propia, y muchos libros de éxito te engañan con esa impresión y te hacen sentir aún más idiota. Pero al final vivir es solo esto, vivir como mejor se sepa, que es prácticamente lo que hace el personaje sin cuestionárselo demasiado. ¿Será bueno o no tener conciencia de esto? No sé, a mí saberlo me relaja en mi actitud hacia la vida.

Esta reseña, me temo, viene a decir que es un libro que no despertará entusiasmos (bueno, yo he descubierto un nuevo autor al que leer con gusto, ¡si eso no es entusiasmo!), y ahora viene la idiotez esa que complementa a la primera parte de la frase: “pero no dejará indiferente”. Yo qué se. Lo mismo sí. A mí me ha agradado leerlo, me he visto en alguna medida reflejado en el personaje y me ha dejado con ganas de leer otras cosas del autor. ¿Qué más se le puede pedir a un montón de hojitas encuadernadas y sucias de tinta?

 Tengo que mencionar, para darle un toque pretenciosos este comentario, que buscando entre mis lecturas,  me recuerda un poco, o más bien me ha venido a la memoria, la primera parte de “El Extranjero”, esa de A. Camus. Me apostaría el bigote a que, para la mayoría de los que han leído esa obra, la parte que más recuerdan es la primera, antes del asesinato del moro en la playa: pues esta novela es el desarrollo de esa parte con un personaje algo menos, solo algo menos, retraído. Ahora que recuerdo, el amigo Chus también acaba en una celda al final del libro.

El libro del cuervo

Jesús R. Castellano

Ed. Aguere-Idea 2011

Sta. Cruz de Tenerife(?)


Juntacadáveres

— Escrito por rperez @ 14:09
Juntacadáveres

J.C.Onetti

 

¿A qué no sabes por qué le llaman Juntacadáveres? Pues porque Larsen, ese es su nombre oficial, era proxeneta de un montón de prostitutas “viejas”. Por eso. La vocación de Larsen es montar un prostíbulo. Todos tenemos, dicen, una vocación, unos la han descubierto ya y a otros nos iluminará el remordimiento el último segundo de nuestra vida, y esa era la de Larsen. Por eso acabó en Santa María. Esperó un año y perdió la esperanza, pero al final montó el prostíbulo, una casa celeste junto a la costa. La cosa no duró mucho, las fuerzas de la castidad y la decencia se confabularon para acabar con ese foco de inmoralidad: “queremos novios y maridos castos y sanos”. Y al final los expulsaron. ¿Es todo verdad o una invención de Díaz Grey, como le acusa Jorge?, no lo sabemos.

Todo esto no importa. Si crees que es posible destripar un libro de Onetti sin leerlo es que nunca has leído ha Onetti y probablemente no mereces leerlo. Lo acabarás tirando a la papelera. Lo que importa de Onetti es su prosa. Son sus frases demoledoras. Es la sensación de desolación esa que te comunica. Eso es lo que vas a encontrar si lees con atención y despacito cada frase, como chupando un caramelo, sin masticarlo.

Otra cosa. De Onetti no se sale vivo. En realidad a Onetti no se llega vivo. Ya estás muerto cuando llegas a Onetti. Ya sabes que eres un personaje de Onetti y por eso sigues leyendo. Y cuando lo terminas, ya sabes qué va a ser de tu vida: nada. Y que seguirás viviendo por inercia. A ver qué pasa después. Lo único bueno que tienen los libros de Onetti para la vida es que se acaban y gracias a dios podemos olvidarlos. Pero luego hay otros. Porque Larsen volvió a Santa María para hacer fortuna en otra fracasable ambición, casarse con la hija de Petrus, el dueño del Astillero. Y antes de eso, antes de esto, Díaz Grey había disfrutado de una Vida Breve gracias a Brausen. En fin, que nada ha terminado ni ha empezado aquí. Ya lo dije, nada.


La Odisea

— Escrito por rperez @ 10:07
  La Odisea

 

Homero

 

La Odisea no es precisamente una novedad editorial. Pero trataré de resumir su argumento: Un tal Odiseo, también llamado Ulises, se va a guerrear a Troya dejando en casa a un niño pequeño, Telémaco, y a una bellísima esposa, Penélope. La guerra de Troya termina y Ulises emprende el regreso, pero por el camino se despista, recala en diversos puntos de la costa o de islas donde le pasan cosas malas que van diezmando a sus compañeros. Recuerdo una isla de comedores de loto que procuraba el olvido, y hay otros episodios que no. Pero es importante cuando llega a donde habita Polifemo que es un gigante de un solo ojo. La imprudencia de Ulises hace que se metan en su cueva y, bueno, el Polifemo este es un animalito que no encuentra razón para charlar amigablemente con la comida. Después de que viera cómo se comía a varios de los suyos, Ulises trama un plan – Ulises siempre trama planes – y consigue escaparse dejando ciego a Polifemo. Esto cabrea al progenitor de Polifemo que se emplea a fondo en impedir que el muchacho regrese a casa. Hay más situaciones: la isla de Circe, donde sus amigos son transformados en cerdos mientras Ulises es agasajado por la diosa,  la vacas sagradas del Sol que los compañeros de Ulises matan a despecho de su consejo, la visita al hades donde se entera de la defunción de su madre, porque estaba allí, la metedura de pata, de nuevo, de sus compañeros que abren, justo cuando avistaban Ítaca,  un cofre que retenía los vientos, lo que los arrastró de nuevo mar adentro, y por último Calipso que lo retenía en su isla y quería que se casara con ella a cambio de la inmortalidad.

Bien. Gracias a la intervención de la diosa Artemisa, la de los ojos de lechuza, Ulises regresa a casa. Lo hace de incógnico, disfrazado de mendigo. Las cosas en casa no van bien. La prolongada ausencia de Ulises ha hecho que una sarta de pretendientes a casarse con Penélope invada el palacio y abusen de la debida hospitalidad. Penélope se inventa excusas para demorar la elección, como la de tejer un sudario para su suegro, por si se muere, y destejerlo por la noche para alargar la obra – así mantiene engañados a los pretendientes durante tres o siete años. Pero los pretendientes no parecen decepcionarse y acampan prácticamente en el palacio consumiendo los bienes de Ulises. Telémaco, que ya tiene veinte años, los que lleva Ulises fuera, empieza a tomar conciencia de ser ahora el jefe de la familia. Los pretendientes, que ven que el muchacho empieza a ejercer autoridad planean matarlo. Telémaco, aconsejado por la diosa Artemisa, la de los ojos de lechuza, visita a varios amigos de su padre. Así va cobrando fuerza la esperanza de su regreso.

Los últimos capítulos son los de la venganza de Ulises. Penélope, incitada por la diosa Artemisa y por el mismo Telémaco, instruido por su padre, convoca un concurso para elegir al pretendiente que tomará su mano. Deben tender el arco de Ulises y atravesar con una flecha siete aros. Ninguno puede salvo el mendigo, bajo cuyo disfraz está Ulises. Aprovechando que ya tiene el arma mata a los pretendientes ayudado por Telémaco y dos criados fieles. También ahorca a unas cuantas criadas infieles.

El último capítulo es el del perdón de los habitantes de Ítaca, que en un principio, la mitad de ellos, se levanta contra Ulises por haber dado muerte a sus hijos, pero luego de comprobar que de todas maneras no van a poder con él, le acaban indultando.


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